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24 February 2010 @ 05:19 pm
Reto ¿san Valentín? - dotacion anual crack  
Título: Amor Otoñal.
Fandom: Doc Martin.
Extensión: 1205 palabras aprox.
Resumen: ¿Qué pasa cuando el Doc encuentra a solas en su consulta al notorio enamorado del pueblo con...¡ su tía!?

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Disclaimer: "Doc Martin" (c) Dominic Minghella, Crowdy, Ferguson y otros. Nada me pertenece, hecho sin fines lucrativos.

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Era un cuarto para las siete de la mañana de un día sábado y el Doctor Martin Ellinghan se apresuraba hacia su consulta con el maletín en la mano, repasando mentalmente una lista de cosas por hacer. Y últimamente a esa lista se había agregado con renuencia otra minúscula lista de cosas que se suponía *no* debía hacer. No es que fuera a hacer mucho caso de ella, eso no. De todos modos, pensó, nunca esta de más recordar como piensan los nativos.

Se detuvo con la llave en la mano al escuchar risitas dentro de su consulta, un fuerte golpe, y risitas aun mayores.

Qué diablos. Si Pauline volvía a hacer de las suyas atreviéndose a usar su consulta... o dios lo prohibiera había hecho que los cobradores de apuestas vinieran por el ordenador... juraba que esta vez iba a deshacerse de esa peste de recepcionista.

Abrió la puerta con la determinación pintada en el rostro, sólo para encontrar a su tía en el suelo riéndose junto a ese bruto policía local. ¿Pero que demonios hacia Mark sosteniendo a su tía? ¿A esa hora? ¿En su consulta?

—¿Tía? —inquirió sorprendido.

Mark se puso de pie ruborizándose y se inclinó para ayudar a su tía Joane a hacer lo mismo.

—Bueno, hora de irse, ¿Joan?

La dama le miró con un brillo de diversión aun en los ojos—. Oh, cielos, vean, que horas ya son. Claro, Mark, claro. Nos vemos, querido.

¿Joan? ¿Mark? Qué rayos.

—Pero, pero...

Los dos pasaron junto a él, sin detenerse, y se marcharon dejándole confundido y boqueando. ¿Su tía y ese *idiota* de Mark Mylow? Naa. Eso era ridículo, y absurdo, y él era mucho menor y un imbécil, y era *su* tía, por el amor de dios.

¿Qué rayos pasaba con Mark que iba *siempre* detrás de *sus* mujeres?, pensó con rabia.

Estaba parado en la calle mirando como su tía se subía al auto del policía, cuando ,y como no, pasó Al Large.

—Hola, Doc. ¿Acaso ha llegado Pauline?

Martin resopló, como si esa excusa de secretaria fuera a llegar antes de las diez parloteando de cualquier tontería como fuera una ardilla o algo. No, Martin, juraste no volver a comentar de ardillas en tu vida, recuerdas.

—No, Pauline no ha llegado —y, decidiéndose—. ¿Sabes si ella le dio la llave a mi tía?

Al lo miró un poco raro—. Pero si su tía siempre ha tenido llave, Doc. Además, ella y Mark han venido cada mañana acá los últimos 3 días, debería escuchar las tonterías que dice mi padre.

—¿Qué?

+

Al día siguiente Louisa le llamó porque uno de los mocosos malcriados que supuestamente estaban en clase dominical, se había descompuesto. Como si él no tuviera nada mejor que hacer los domingos. Err, bueno, estaban los informes, y estudiar un rato, y ... bueno, mejores cosas que hacer.

Un rato después de darle al mocoso deslenguado una buena dosis de antihistamínicos que esperaba hiciese algo por mejorar su desorden cognitivo y atencional aunque fuera temporalmente, y de discutir con Louisa por el tamaño de la aguja, se encontró a boca de jarro con Al y Bert. Genial, más que genial.

—Hey, Doc —dijo el rechoncho hombre—. ¿Qué le parece eso?

—¿Qué? —replicó exagerando su ceño fruncido, esperando desanimarlo. Bueno, de nada servia soñar y eso ya debería tenerlo él más que claro.

—Eso, Doc ¡eso! —apuntó el hombre sin nada de discreción.

Martin se vio obligado a mirar en esa dirección para ver a Mark con un ramo de rosas caminando sonriente hacia a su tía, que venia de la iglesia con su gala de los domingos, bastante bien arreglada para alguien de su edad.

—¡Hey, Mark! —gritó Al junto a él, provocando que tanto su padre como el doctor le miraran con disgusto—. ¿Qué? ¿En serio no vas a seguir con esa tontería, papá, de Mark y la señora Norton? Pero si ella es ¡vieja!

Martin resopló de nuevo y miró a su tía que recibía las flores y ... ¡se colgaba del brazo del policía! ¿Es que no había una ley en contra de eso? Siguió mirando atontado como su tita Joan le daba un beso en la mejilla al oligofrénico endogámico.

—Le digo, Doc, alguien debería hacer algo —intervino con voz de disgusto Bert, dando la vuelta yendo hacia su puesto—. Eso pasa con los tiempos modernos, ya nadie tiene respeto por nada —miró puntualmente a su hijo, pero Al no se dio por enterado.

—Oiga, Doc, ¿y usted también cree que Mark y su tía...?—le preguntó el joven con duda moviendo las cejas sugestivamente y dando un silbido admirativo.

Martin dio medio vuelta sin contestarle.

Mierda, mierda, mierda. Después de todo lo que había sufrido su tía, ¿seria justo que él se entrometiera? Pero, honestamente... ¿Mark Mylow? Gruñó mentalmente.

Oh, sí, mañana haría algo, eso estaba claro.

+

El lunes en el pueblo después de llegar supo que todos se habían enterado. Mierda de pueblo chico. Los veía cuchichear a su espalda y cambios de conversaciones cada vez que pasaba. El acogedor Portwenn, sí, claro que sí, pensó con ironía.

Esta vez su recepcionista estaba tras el escritorio previsiblemente mascando chicle y mirando una revista de modas. No estaba de humor para lidiar con ella, y apenas eran las nueve y treinta, así que simuló no verla y se dirigió a su oficina esperando cerrar la puerta antes de que ella...

Una garra de uñas manicuradas decoradas profusamente con escarcha impidió que cerrara la puerta.

—¡Buenos días, Pauline! ¿Cómo estas hoy? Sabe, *simular* un poco de civilidad nunca esta de más —dijo con las manos en las caderas, mascando chicle agresivamente—. Pero, claro, ¿que voy a saber yo? Sólo soy una ignorante de pueblo pequeño.

—Precisamente —dijo él, entrecerrando los ojos, esperando que ella captara que no era el momento.

—¡Oh, que grosero!

...Pero eso era esperar demasiado.

—Además, su tía tiene una cita en diez minutos con usted. Algo de un resbalón y su cadera y no se qué.

—¿Mi tí...?

—Y además quiere saber si puede subir la velocidad de su conexión a internet.

—¿Mi conex...?

—Sabe, yo se lo he dicho muchas veces, pero ¿me escucha? Nooo. Es que es tan tacaño que no sabe que la velocidad económica no vale de mucho para descargar fotos y esas cosas y ni hablar de videos —agitó los brazos dramáticamente.

—¿Videos? Me has perdido, muchacha.

—¡Es que no escucha! —el pie de Pauline dio golpecitos en el suelo, mientras le miraba de brazos cruzados imitando bastante bien la mirada censora de Louisa—. Ese dulce de Mark Mylow le ha estado clases de internet a su tía para que aprenda a chatear con sus amigas y también hasta le ha mandado un video su amigo, ¿sabe?, el que se fue de viaje largo.

Oh, cielos.

—Y creo que su tía le presentó a la sobrina de una sus amigas también por internet, y va a venir a conocerlo. Mark estaba por las nubes, pero, bueno, ya sabe como es él.

Oh, cielos.

 
 
Current Mood: rushedrushed