?

Log in

No account? Create an account
 
 
23 September 2009 @ 12:16 pm
Dotación Anual de Crack, Reto AU  
Autor: xizu
Fandom: Harry Potter
Paring: Harry/Draco
Universo: Supernatural
Reto: AU
Palabras: 1.630

La lluvia caía sobre los techos de las casas, pero al hombre que caminaba enfundado en su impecable abrigo negro no parecía importarle. Acariciaba con un dedo su revólver calibre 48, hábilmente escondido dentro de su bolsillo, y sonreía para sí mientras sentía aproximarse el momento en que finalmente lo tendría a sus pies, ensangrentado y rogándole clemencia.
No la tendría. No de nuevo.
El ruido de su teléfono lo sacó de su ensimismamiento. Miró la pantalla. Zabini.
-¿Blaise?
-¿Dónde estás? ¡Es peligroso ir sólo!
-Es algo que tengo que hacer por mí mismo.
-Si quieres arriesgarte estúpidamente…
-Tengo que hacerlo yo.
Cortó y apagó el celular, dejándolo caer luego dentro de su bolsillo. Esa noche no podía dejar que nada lo distrajera, era su última oportunidad. Harry estaba con la guardia baja, era el momento perfecto para atacar.
Si tan sólo no fuera él, si fuera un extraño sin nombre y con muchas más muertes tras de sí…
-No –se dijo mientras aceleraba el paso y desenfundaba su revólver-, es un trabajo como cualquier otro, Draco, tienes que concentrarte.

Recordaba la primera vez que había notado algo extraño en él. Era primavera y una brisa cálida soplaba entre las cortinas de la habitación de su hotel. Estaban en medio de una cacería, por primera vez solos, y el nerviosismo casi podía medirse en el ambiente con uno de esos instrumentos que pueden comprarse en cualquier tienda de barrio. Demonios, si ni siquiera podía creer que estuviese trabajando en la misma misión que él.
-Conozco a un chico, Potter, que está buscando lo mismo que tú. Quizás podrían colaborar.
Cuando escuchó el nombre, deseó para sus adentros que no fuera la misma persona, después de todo, Potter era un apellido relativamente común en esa zona de Inglaterra. Bastó dar un paso dentro de la habitación donde lo esperaba para darse cuenta que, nuevamente, no había tenido suerte. El chico que sonreía mirando unos libros era el mismo de su escuela, al que despreciaba casi tanto como a las bestias que había aprendido a cazar.
-¿Potter?
La sonrisa rápidamente se volvió una expresión gélida de desprecio malamente disimulada.
-Malfoy.
Había intentado zafarse, pero, después de todo, era una misión complicada y no podía hacerlo solo, por mucho que odiara reconocerlo. Quizás podría poner a ese chico de cabello despeinado y lentes reparados con cinta adhesiva como carne de cañón…
Potter abrió la ventana, asomándose con medio cuerpo hacia afuera e intentando absorber una ráfaga de viento frío absolutamente inexistente. Draco se levantó, furioso, y lo alejó del vidrio, recogiendo al mismo tiempo la bolsa de sal que esa mañana habían comprado en el almacén del primer piso.
-La sal, Potter. ¿O acaso quieres que los demonios se paseen por nuestra habitación de hotel como si estuvieran invitados a cenar?
-No van a entrar a plena luz del día con tanta gente caminando por la calle, el ruido podría alertar a la policía y entonces…
-Creí que ya sabías que no eran criminales normales, Potter. ¿Tú crees que les importa que la policía encarcele a los humanos cuyos cuerpos poseen? Pueden salir y buscarse cualquier otro que sí esté libre, incluso el del policía.
Esbozó una sonrisa de desprecio mientras lo veía acostarse sobre la cama y darle la espalda. Era sólo un niño, un principiante con aires de grandeza gracias a las constantes alabanzas de, bueno, todo el mundo que creía que podía lanzarse en una cacería sólo y salir victorioso. Lo único que tenía de cazador era el nombre de su padre, una leyenda viviente en el círculo. Por si solo no era nadie.
-¿Por qué no dejas actuar a un profesional y te limitas a seguir instrucciones, Potter?
-¿Por qué no te callas, Malfoy?
Entonces había ocurrido. Había abierto la boca para decir algo, rebatirlo con un insulto o dos, pero había sido inútil. Era como si una mano, grande y fuerte, se hubiera cerrado en torno a su garganta, impidiéndole el paso del aire hacia los pulmones.
Terminó tan rápido como había empezado, pero a Draco no le pasó desapercibido el hecho de que Potter estaba sonriendo, aunque en ese momento lo atribuyó a su imaginación.
Claramente no fue así. Maldito engendro infernal.

Avanzó más rápido, siguiendo su instinto. Casi podía oler a Potter, escondido entre esos escombros como una bestia esperando la llegada del rifle. Más le valía temer, se decía Draco, su fin estaba cerca.
Esta vez no iba a dudar ni un solo segundo. Iba a apuntar y disparar, sin demoras, sin remordimientos, sin recuerdos.
Especialmente sin recuerdos.

Llevaban cerca de tres meses detrás del mismo demonio, y el rastro cada vez se enfriaba más. No podían rendirse, no podían dejar a ese demonio suelto, pero se les escapaba de las manos como agua entre los dedos.
Sin embargo, Draco no estaba del todo irritado. Por extraño que sonara, inclusive para él mismo, había comenzado a acostumbrarse a la continua presencia de ese muchacho de cabello desordenado y gafas mal reparadas en su vida. Iban cada mañana a desayunar juntos, cenaban juntos papas fritas con mucho aceite y coca cola en un vaso de papel que amenazaba con deshacerse, dormían en la misma habitación, con las dos camas una frente a otra y mirándose las caras toda la noche.
A Draco cada vez le costaba más quedarse dormido. Miraba el pecho de su compañero de cacería subir y bajar bajo las mantas, su boca entreabierta y un par de gotas de sudor bajándole por el cuello, y se sorprendía pensando a qué sabría esa parte de su cuello que palpitaba cada vez que tenía una pesadilla.
Era peor cuando se quedaba dormido, y en sus sueños lo único que aparecía era Potter, tumbado sobre su cama y susurrándole su nombre al oído.
Se despertaba con la cama húmeda de sudor y la mente confundida.
En ese momento, con su revólver en la mano y los ojos atentos a cualquier movimiento que pudiera delatar la ubicación de su víctima, estaba seguro de que no había sido un truco más de esa bestia inmunda que se había apropiado del cuerpo de un cazador y que los había engañado a todos.
Un Malfoy no se dejaba engañar dos veces, especialmente por un monstruo repulsivo como él.
Sin embargo, mientras sus botas hacían saltar el agua de las pozas de ese callejón oscuro y sin nombre de los barrios pobres de Londres, recordaba las veces que, después de una tarde tan inútil como las veinte anteriores, lo había empujado contra la puerta cerrada de la habitación de su hotel de cuarta categoría y lo había besado con toda la rabia contenida de sentirse inútil, de sentir que los demonios se reían en su cara, de sentir que su orgullo se veía violentado por la incapacidad de cumplir su primera misión en solitario.
Todo se había terminado cuando, por fin frente al demonio y a punto de mandarlo de vuelta al infierno donde pertenecía, Potter había hecho algo que Draco aún no podía explicarse. De alguna manera, lo había empujado contra la pared, manteniéndolo suspendido allí mientras Draco intentaba interrogarlo.
Ese mismo día Potter y él se separaron, y había comenzado su preparación para darle caza como la bestia que era.
Ese día no dudaría, como meses antes. Tenía el plan perfectamente delineado y las dos armas listas para ser utilizadas.
No iba a fallar, no iba a dudar. Su orgullo estaba en juego.

-Potter –dijo al tiempo que abría la puerta de la habitación del hotel que muchas veces habían compartido.
-Draco…
Harry permanecía sentado, con la espalda hacia la ventana y los ojos fijos en él, con un leve rastro de tristeza acomodándose sobre sus pupilas. Estaba sentado sobre la misma cama a la que una vez Draco lo amarró, después de acabar con un hombre lobo en la parte norte de Londres.
Si tan sólo diera un paso más, podría volver a empujarlo sobre el colchón y espantarle el miedo a besos y dentelladas. Pero no, no podía. No iba a decepcionar a la gente que confiaba en él de nuevo.
-No puedo dejarte escapar otra vez, lo siento –dijo el rubio, y apuntó con su revólver.
-Draco, ¿qué demonios…?
-Eso deberías saberlo tú mucho mejor que yo.
Disparó. Harry cayó sobre la cama con las dos manos apretando su muslo. La sangre no tardó en manchar la colcha, pero Draco no bajó el arma.
-No sé lo que eres, Harry Potter, o si ese es siquiera tu nombre verdadero, pero sé que hay algo que puede matarte.
Sacó el arma que le había costado dos años encontrar, única en su clase. Un arma que podía matar cualquier cosa, demonio, vampiro, hombre lobo… lo que fuera.
La Colt.
-¿Esa es la Colt? ¿Cómo la…?
-Calla. No intentes suplicar clemencia nuevamente, monstruo. Debería haberte matado la primera vez que tuve la oportunidad… Bueno, ahora no volveré a cometer el mismo error.
Apuntó directamente al corazón y puso su dedo sobre el gatillo.
-¿Estás seguro, Draco? Si me matas…
-Estoy seguro, Potter.
Apretó el dedo y jaló el gatillo. El arma apenas si hizo sonido al dispararse, y la bala surcó rápidamente el aire en dirección al pecho de su víctima.
Pareció como si hubiese demorado años. Harry cayó lentamente, con los ojos vueltos hacia el cielo y los brazos extendidos sobre la cama. La sangre llegaba hasta el colchón y debajo de la camal, como queriendo dejar una huella imborrable de lo que ahí había pasado.
Draco se volteó, sin mirarlo, y salió de la habitación.
Todo había terminado, pero el nudo en su garganta se apretaba cada vez más.
No, no estaba seguro. Pero era un Malfoy, un cazador, y era lo que se esperaba de él.