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09 September 2009 @ 10:12 am
Reto lluvia - Dotacion Anual de Crack  
Título: "Sólo cuando sonries"
Fandom: Mercy Thompson Series.
Pairing: Jesse/Ben
Nº de Palabras: 737.
Rating: PG
Reto: # Lluvia


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Disclaimer: Mercedes Thompson, entorno y personajes © Patricia Briggs.
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Comenzó a llover antes de que pudiéramos alcanzar a resguardarnos. Como si fuera a importarme a esas alturas. El final jodidamente perfecto de una velada perfecta.

Una estúpida fiesta de disfraces ‘rave’ para el cumpleaños de una chica de la escuela que había terminado (¿cómo podía haber sido de otra?) con la intervención policial, mi novio mucho antes de eso había terminado yendo con otra; Janice se había embriagado y terminó vomitando las tripas en el baño, le conseguí quitar las llaves del auto, pero me quedé sin dinero mandándola a *ella* en taxi a su casa, y terminé intentando llegar a casa sin tener que llamar a Warren para que no chivara a mi viejo que andaba en Washington en no sé que junta; a Mercy no la pude ubicar; y así terminé caminando en la oscuridad tropezando y por supuesto doblándome un tobillo por las condenadas botas blancas taaan sexys según Janice, (lo que había ameritado una discusión acerca de mocasines noooo tan sexys). Así que tras la desbandada y la huida en todas direcciones, me encontré caminando sola (y ‘alabando’ repetidas veces mi suerte y sentido común), y por supuesto que claro la primera persona... (no, tacha eso)... individuo que me tuve que encontrar, o mejor dicho que apareció de la nada silbando la melodía pegajosa de la peli esa detrás mío en la maldita calle llena de hoyos tenia que ser…

¿Quién necesita del ‘Ripper’ (el original no el de Buffy-la-caza-vamp), cuando tienes a tu propio rufián londinense siguiendo tus pasos en la oscuridad casi saliendo del área urbana?

—No sé... —dijo él— yo te imaginaba más del tipo de enfermera infernal de Silent Hill...

En todo caso, lo mismo había pensado yo originalmente, pero al final Janice me había convencido de hacer el par yendo ella como Uma.

—¿Ah? —seguí caminando, pese a no ver casi nada.

—Tu sabes, esas que... —hizo un gesto con los brazos que más parecía video de Michael Jackson que otra cosa.

—*Sé* cuales son, me sorprendió que *tu* lo supieras.

Hizo un ruido de burla. Y no sé por qué me sentí obligada a rellenar el silencio.

—¿Me estabas siguiendo?

Otro ruido de burla, y a continuación—: Claro, amor, claro, si no tengo nada más que hacer el viernes en la noche que seguir a caperuci... ja, a Daryl-jodida-Hannah a casa —Su sonrisa burlona relució en la oscuridad.

—Ella es muy vieja para ti —juro que mi voz no salió plañidera.

—Pff, ni siquiera sabes si eso es cierto.

—Tu no eres viejo —insistí.

—Eso no lo sabes —dijo y su voz se escuchó diferente. Mis pies se hundieron hasta más arriba de los tobillos en un charco y una cantidad enorme de profanidades escapó de mi boca mientras aleteaba tratando de no caer sobre mis dientes que mi padre juraba sólo estaban en préstamo hasta mi primer sueldo. Ben me sujetó riéndose entre dientes, el muy cretino.

Di un tirón que casi consiguió soltarme sobre mi trasero, muy poco recomendado cuando te esta sujetando un hombre-lobo, aunque sea flojamente, y gruñí en mi mejor imitación así-lo-hace-mi-papá—: ¿Dónde dijiste que dejaste tu camioneta?

—¿Me escuchaste decir algo de una camioneta? Yo no dije nada de una camioneta? —sus dedos se sentían muy calientes en mis brazos helados ya a esas alturas. Sabia que estaba oliendo cuanta cerveza había consumido o quizás que otra cosa más. Claro, yo más de una no había tomado. Y sólo estaba tratando de asustarme, sí, sólo eso, me aseguré de repetirme varias veces.

—Ben… —me enorgullecí de no temblar al decirlo, y claro, además, si al fin terminabas tiritando un poco siempre podías achacárselo a la lluvia helada, la madrugada, su olor… ejem.

—¿Y dónde esta el valiente Gab? ¿tu novio?

—Con la otra, supongo —escupí las palabras. ¿Amargada, yooo?

—Ajá. ¿Y a quién se lo contamos a papi o a Mercedes? —Hay una mirada intensa en sus ojos, y creo que en ese momento hasta casi llego a sentir pena por Gabriel, casi.

—A nadie, muchas gracias —dije con toda la dignidad, que a esas alturas no era mucha, hay que reconocerlo.

—Bien —sonrió de nuevo que esa inclinación burlona de cabeza que me enrabiaba—. A la vuelta de la esquina esta su calabaza, mi dama, porque has andado en círculo los últimos quince minutos por si te lo habías preguntado.

Lo que le contesté es irrepetible.



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